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LA CIUDAD NO SE DETIENE

EVOLUCIONA

Las grandes urbes están en un proceso de transformación constante. El ritmo de vida de sus habitantes impone una exigencia permanente: todo debe ser casi inmediato. La proximidad de unos lugares con otros se convierte en un aspecto fundamental, y la sectorización se ve influenciada inevitablemente por estos factores.

Las condiciones topográficas de las ciudades y su crecimiento demográfico imponen la necesidad de modificar los planes urbanísticos de los territorios, invitando así a trasladar las zonas industriales, haciéndolas habitables.  Teniendo en cuenta temas como transporte, comercio y contaminación ambiental, la habitabilidad de estos sectores se presenta muy favorable, además, por las condiciones de sus vías de acceso, sus excelentes suelos desde el punto de vista técnico y todos los servicios (colegios, universidades, clínicas, supermercados) con los que cuentan en cercanía

Los beneficios de estas transformaciones zonales son diversos, por mencionar algunos: la movilidad tiende a mejorar por la ausencia de camiones de carga y otros carros de trabajo, asimismo, esto genera un cambio positivo en materia ambiental. Las zonas comunes de esparcimiento se convierten en espacios necesarios gracias al flujo de personas que convergen allí, y esto puede dar lugar a la construcción de parques públicos, por ejemplo. El uso de transporte público y de sistemas alternativos se ve incentivado, lo que resulta siendo beneficioso económica y ambientalmente.

Invertir poco tiempo y dinero en transporte y tener la oportunidad de encontrar sitios de esparcimiento próximos, son otros de los beneficios que ofrece habitar un sector antes industrial. Dimensionar y comprender los beneficios que traen las transformaciones, también es evolucionar.